Comienza cortando las pechugas de pollo por la mitad o en filetes gruesos. Colócalas en un bol y cúbrelas con la salsa de soja. Deja marinar durante al menos 30 minutos para que el pollo absorba todo el sabor y quede mucho más jugoso tras la cocción.
Mientras el pollo reposa, prepara la salsa de limón. Exprime los limones y vierte el zumo en el vaso de una batidora junto con el caldo de pollo, el azúcar, la maicena, las rodajas de limón y una pizca de sal. Tritura hasta obtener una mezcla homogénea.
Pasa la mezcla a un cazo y cocina a fuego medio, removiendo constantemente con unas varillas para evitar grumos. Cuando comience a hervir, la salsa irá espesando poco a poco hasta conseguir una textura brillante y ligeramente densa. Retírala del fuego y resérvala.
En otro bol bate el huevo e incorpora la maicena junto con la levadura química. Mezcla hasta obtener una masa espesa y homogénea, similar a una tempura ligera. Si fuese necesario, añade un poco más de maicena para ajustar la consistencia.
Saca el pollo de la marinada y sécalo ligeramente con papel de cocina para eliminar el exceso de líquido. Pásalo por la mezcla de huevo y maicena procurando que quede bien cubierto por todos los lados.
Calienta abundante aceite en una sartén y fríe el pollo durante unos 3 o 4 minutos por cada lado, hasta que esté bien dorado y crujiente. Una vez listo, colócalo sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite.
Introduce el pollo ya frito en la sartén donde tienes la salsa de limón y cocina durante un par de minutos a fuego suave, removiendo con cuidado para que cada pieza quede completamente cubierta por la salsa.
Sirve inmediatamente acompañado de arroz blanco, arroz jazmín o verduras salteadas. Si lo deseas, decora con unas rodajas de limón o semillas de sésamo para darle un toque final.