Para comenzar, derrite la mantequilla en una olla amplia a fuego medio. Añade el ajo picado y deja que se cocine unos segundos para que perfume la base de la sopa sin que llegue a dorarse demasiado. Cuando empiece a desprender aroma, incorpora la cebolleta picada fina y cocina con calma hasta que se ablande y se vuelva ligeramente transparente.
Cuando la cebolleta esté tierna, añade la col cortada en juliana. Remueve bien para que se mezcle con la mantequilla y el sofrito, y cocina unos minutos para que empiece a soltarse y a reducir su volumen. Este paso es importante para que la sopa tenga un sabor más profundo y equilibrado.
Después, vierte el agua y añade una pizca de jengibre molido, que aporta un toque cálido y aromático sin dominar el sabor. Ajusta de sal y pimienta al gusto, mezcla bien y lleva la sopa a ebullición. Una vez que rompa a hervir, reduce el fuego y deja cocinar unos 15–20 minutos, hasta que la col esté tierna y la sopa tenga un sabor suave y reconfortante.
Sirve la sopa bien caliente y disfruta de una versión más ligera y vegetal de la clásica sopa de cebolla, perfecta para cenas fáciles y reconfortantes.