Comienza pelando las cebollas y córtalas en juliana fina. Este corte es importante para que se cocinen de forma uniforme y se caramelicen lentamente sin quemarse.
Calienta el aceite de oliva en una cazuela amplia a fuego medio-bajo. Añade la cebolla junto con una pizca de sal y cocina lentamente, removiendo de vez en cuando. La cebolla debe pocharse poco a poco durante unos 20–25 minutos, hasta quedar muy blanda, transparente y ligeramente dorada. No tengas prisa en este paso, ya que aquí se desarrolla la base de sabor de la sopa.
Cuando la cebolla esté casi lista, añade el ajo picado y cocina un minuto más, solo hasta que desprenda su aroma, evitando que se queme.
Mientras tanto, corta la butifarra o longaniza en rodajas o trozos medianos. Incorpórala a la cazuela y sofríe unos minutos junto con la cebolla, hasta que empiece a dorarse ligeramente y suelte parte de su grasa.
Vierte el vino blanco y sube ligeramente el fuego. Deja que hierva durante 2–3 minutos para que el alcohol se evapore y se concentre el sabor.
Añade el caldo caliente, remueve bien y deja cocinar la sopa a fuego suave durante unos 15–20 minutos, para que todos los sabores se integren. Prueba y ajusta de sal si es necesario.
Justo antes de servir, fríe los huevos en una sartén con un poco de aceite, procurando que la clara quede bien cuajada y la yema ligeramente líquida.
Sirve la sopa bien caliente en platos hondos o cuencos, coloca el huevo frito encima y, si lo deseas, rompe ligeramente la yema para que se mezcle con el caldo.