Para comenzar, lava bien los nísperos y pélalos cuidadosamente. Retira todas las semillas y corta la fruta en trozos pequeños. Cuanto más maduros estén los nísperos, más dulce y aromática quedará la mermelada.
Coloca los trozos de fruta en un bol amplio junto al azúcar y el zumo de limón recién exprimido. Mezcla bien y deja reposar durante unos treinta minutos. Este paso ayuda a que la fruta suelte parte de su jugo natural y consigue una cocción mucho más uniforme y sabrosa.
Pasado el tiempo de maceración, vierte toda la mezcla en una olla o cazo amplio y cocina a fuego medio. Remueve de vez en cuando para evitar que la fruta se pegue al fondo mientras se va deshaciendo poco a poco.
Cuando la mezcla empiece a reducir y espesar, añade la hierbabuena fresca picada muy fina. Este ingrediente aporta un contraste fresco y aromático que combina sorprendentemente bien con el sabor dulce del níspero.
Continúa cocinando entre treinta y cinco y cuarenta y cinco minutos aproximadamente, dependiendo de la textura que prefieras. Cuanto más tiempo cocine, más espesa quedará la mermelada.
Puedes triturarla completamente para conseguir una textura más fina o dejar algunos trozos de fruta para una versión más rústica y casera.
Una vez lista, guarda la mermelada en tarros de cristal limpios y deja enfriar completamente antes de cerrar.