Para comenzar, prepara el pollo para que quede muy sabroso y jugoso. Corta las pechugas en tiras o trozos pequeños y colócalas en un bol. Añade el ajo rallado o picado fino, ajo en polvo, pimentón dulce, orégano, sal, pimienta negra y una cucharada de aceite de oliva. Mezcla bien para que todas las piezas queden impregnadas de las especias. Si tienes tiempo, puedes dejarlo reposar unos minutos para potenciar todavía más el sabor.
Calienta una sartén a fuego medio-alto y cocina el pollo durante varios minutos removiendo de vez en cuando. Lo importante es que quede bien dorado por fuera pero siga jugoso por dentro. Evita cocinarlo demasiado para que no se reseque.
Cuando el pollo esté casi listo, añade el pimiento verde cortado en tiras finas o trocitos pequeños y cocina un par de minutos más. Así el pimiento se integrará con las especias y aportará un toque fresco y ligeramente crujiente.
Mientras se cocina el pollo, prepara el resto de ingredientes de la ensalada. Lava y seca bien los canónigos y colócalos en una fuente o platos individuales como base.
Corta el tomate en trozos medianos y la manzana en dados o láminas finas. La manzana aporta un contraste dulce y fresco que combina muy bien con el pollo especiado y los quesos.
Trocea el queso gouda en cubos pequeños y ralla o corta en lascas el queso curado. La combinación de ambos aporta equilibrio entre suavidad y sabor intenso.
Reparte sobre los canónigos el tomate, la manzana, el pollo caliente con el pimiento y los quesos. Termina aliñando con aceite de oliva, una pizca de sal y pimienta negra recién molida.
Sirve inmediatamente para disfrutar del contraste entre el pollo templado, la frescura de la ensalada y el toque cremoso de los quesos.