Lava bien los calabacines bajo el grifo para retirar cualquier resto de tierra. No es necesario pelarlos, ya que la piel aporta color, fibra y nutrientes a la crema.
Córtalos en rodajas o dados de tamaño medio para que se cocinen de forma uniforme.
Pon una olla mediana a fuego medio y añade una cucharada de aceite de oliva.
Incorpora el calabacín troceado y rehógalo durante 2-3 minutos removiendo de vez en cuando. Este paso intensifica el sabor final de la crema.
Añade agua hasta cubrir justo los calabacines (no pongas demasiada para que la crema no quede aguada).
Agrega sal al gusto y cocina a fuego medio durante unos 15 minutos, o hasta que el calabacín esté completamente tierno al pincharlo con un tenedor.
Cuando el calabacín esté bien cocido, retira la olla del fuego e incorpora los quesitos.
Tritura con una batidora de mano hasta conseguir una crema fina y homogénea.
Si la prefieres más espesa, puedes retirar un poco de líquido antes de triturar.
Si la quieres más ligera, añade un pequeño chorrito de agua de coción y vuelve a batir.
Prueba la crema y rectifica de sal si es necesario.
Sirve caliente y, si lo deseas, añade un chorrito de aceite de oliva por encima justo antes de llevar a la mesa.