Pela las manzanas, retira el corazón y córtalas en dados medianos /pequeños. No hace falta que sean perfectos, ya que luego se ablandarán completamente.
Coloca las manzanas troceadas en una olla o cazo amplio con un poco de mantequilla. Añade el zumo de limón y la canela. El limón evita que la manzana se oxide y aporta un toque fresco que equilibra el dulzor.
Lleva la olla a fuego medio. Cuando empiece a hervir suavemente, baja el fuego y cocina durante unos 15–20 minutos, removiendo de vez en cuando para que no se pegue. Las manzanas deben quedar muy blandas y deshacerse fácilmente.
Cuando estén tiernas, apaga el fuego. Puedes dejar la compota con trocitos o triturarla con una batidora para obtener una textura fina y homogénea.
Prueba la compota y, si lo deseas, añade un poco de miel o azúcar. Remueve bien y cocina 2–3 minutos más.
Retira del fuego y deja enfriar. La compota espesará ligeramente al reposar.